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Cuánto tarda en sanar una rotura de LCA con y sin cirugía

Cuánto tarda en sanar una rotura de LCA con y sin cirugía

La rotura del ligamento cruzado anterior es una de las lesiones de rodilla que más preguntas genera. Y la primera que hace casi todo paciente es siempre la misma: ¿cuánto tiempo voy a tardar en recuperarme?

La respuesta honesta es que depende. Depende de si se opera o no, del tipo de injerto, de la edad del paciente, del nivel de actividad que quiere recuperar y de cómo se lleva adelante la rehabilitación. En este artículo explico los tiempos reales para cada escenario.

¿Se puede sanar un LCA sin cirugía?

El LCA no se regenera solo. A diferencia de otros tejidos, este ligamento tiene muy baja capacidad de cicatrización espontánea. Sin embargo, eso no significa que todos los pacientes con rotura de LCA necesiten operarse.

El tratamiento conservador puede ser una opción válida en pacientes con baja demanda funcional, de mayor edad, o con roturas parciales que conservan buena estabilidad articular. En estos casos, la rehabilitación apunta a fortalecer la musculatura que rodea la rodilla para compensar la falta del ligamento.

Tiempo de recuperación sin cirugía: 3 a 6 meses

Este tiempo contempla la fase de control del dolor e inflamación, la recuperación del rango de movimiento y el fortalecimiento muscular progresivo. El paciente puede retomar actividades cotidianas en pocas semanas, pero la rodilla puede quedar con cierto grado de inestabilidad ante movimientos de pivoteo o cambios de dirección bruscos.

Tiempos de recuperación con cirugía

La reconstrucción quirúrgica del LCA se realiza por artroscopía y consiste en reemplazar el ligamento roto con un injerto, generalmente tomado del propio paciente. Los más utilizados son el tendón rotuliano y los isquiotibiales, aunque también puede emplearse injerto de cuádriceps o de banco.

La cirugía en sí dura aproximadamente una hora, no requiere internación prolongada y el paciente se va a su casa el mismo día o al día siguiente.

La recuperación, en cambio, es un proceso largo que se divide en fases:

Fase 1 — Primeras 6 semanas

Control del dolor y la inflamación, recuperación del rango de movimiento y activación muscular básica. El paciente camina con muletas los primeros días y progresivamente va ganando apoyo completo.

Fase 2 — Semanas 6 a 12

Fortalecimiento progresivo, trabajo de propiocepción y equilibrio. Se incorporan ejercicios en bicicleta estática y en piscina.

Fase 3 — 3 a 6 meses

Entrenamiento funcional, ejercicios de carrera en línea recta y trabajos de coordinación. En esta fase muchos pacientes sienten que están bien, pero el injerto aún no completó su maduración biológica.

Fase 4 — 6 a 9 meses

Vuelta gradual al deporte con evaluación funcional previa. Los deportes con pivoteo, saltos y cambios de dirección se habilitan cuando el paciente cumple criterios objetivos de fuerza, estabilidad y control neuromuscular, no simplemente por el tiempo transcurrido.

Tiempo total para volver al deporte competitivo: 8 a 12 meses

¿Por qué la recuperación lleva tanto tiempo?

Una pregunta frecuente es: si la cirugía dura una hora, ¿por qué la recuperación lleva casi un año?

La razón es biológica. El injerto que se coloca durante la cirugía pasa por un proceso llamado ligamentización, en el que el organismo lo va revascularizando y transformando progresivamente en tejido ligamentoso. Este proceso tarda entre 12 y 18 meses en completarse.

Durante los primeros meses, el injerto está en su punto de mayor vulnerabilidad mecánica. Volver al deporte antes de tiempo —aunque el paciente se sienta bien— es uno de los principales factores de re-rotura.

¿Qué pasa si no me opero y hago deporte igual?

Una rodilla sin LCA puede funcionar bien en actividades de baja demanda. Pero ante movimientos de pivoteo, frenadas bruscas o impactos, la articulación puede ceder. Esto no solo genera episodios de inestabilidad dolorosos, sino que con el tiempo aumenta el riesgo de lesiones secundarias en meniscos y cartílago, que pueden derivar en artrosis temprana.

Por eso la decisión de operar o no debe tomarse en función del nivel de actividad que el paciente quiere mantener, no únicamente de la edad o la intensidad del dolor.

¿Cuándo consultar?

Si sufriste una lesión de rodilla con hinchazón rápida, sensación de chasquido o inestabilidad, lo más importante es hacer un diagnóstico preciso antes de tomar cualquier decisión. Una resonancia magnética confirma la rotura y permite evaluar si hay lesiones asociadas en meniscos u otras estructuras.

Con esa información, el tratamiento —quirúrgico o conservador— puede planificarse de forma personalizada según tu caso, tu actividad y tus objetivos.


El Dr. Eliseo Firman es especialista en traumatología del deporte, cirugía reconstructiva y patologías de rodilla. Atiende en Recoleta, Belgrano y Pilar.

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Fractura por hundimiento del platillo tibial posterolateral: ¿qué nos enseña la TAC?

Publicado recientemente en RELART – Revista Latinoamericana de Artroscopía, Reconstrucción Articular y Trauma Deportivo, este estudio analiza en profundidad un tipo particular de fractura de rodilla que históricamente ha recibido escasa atención en la literatura médica: la fractura por hundimiento del platillo tibial posterolateral con cortical posterior íntegra.

¿De qué se trata esta lesión?

El platillo tibial es la superficie superior de la tibia que forma parte de la articulación de la rodilla. Dentro de esta estructura, la región posterolateral —ubicada en la zona posterior y externa— puede sufrir fracturas por hundimiento ante traumatismos de alta energía, como accidentes de tránsito, caídas o impactos con carga axial sobre la rodilla.

Una de las principales particularidades de este tipo de lesión es que la cortical posterior del hueso permanece íntegra, lo que puede dificultar su detección en radiografías convencionales y representar un desafío adicional al momento de planificar el tratamiento quirúrgico.

¿Qué estudió la investigación

El estudio evaluó retrospectivamente las tomografías computadas (TAC) de 33 pacientes con este patrón específico de fractura, incluyendo 23 hombres y 10 mujeres, con una edad promedio de 44,9 años.

El objetivo principal fue identificar y caracterizar los distintos patrones morfológicos de la lesión mediante TAC, con el fin de establecer criterios objetivos que faciliten la planificación quirúrgica y ayuden al cirujano en la toma de decisiones terapéuticas.

Los dos tipos de fractura identificados

El análisis tomográfico permitió identificar dos variantes morfológicas principales de este patrón de fractura:

  • Tipo A – Hundimiento circunscripto: se caracteriza por una depresión localizada de la superficie articular, con compresión del hueso esponjoso hacia profundidad.
  • Tipo B – Declinación posterior por impactación: presenta una inclinación posterior del fragmento articular, secundaria a la compactación del hueso esponjoso subyacente.

Además, las mediciones obtenidas mostraron valores promedio relevantes para la evaluación de la lesión:

  • Área de hundimiento: 35% de la superficie articular lateral.
  • Profundidad media del hundimiento: 2,50 mm.
  • Ángulo promedio de declinación posterior: 29,5°.

Por qué importa diferenciarlos

Identificar el tipo morfológico de la fractura no es un detalle académico: tiene impacto directo en la planificación quirúrgica. Cada variante requiere una estrategia de reducción diferente para restablecer la congruencia articular y evitar complicaciones como artrosis secundaria o inestabilidad de rodilla.
La TAC, en este contexto, se consolida como el estudio indispensable para evaluar este tipo de fracturas antes de la cirugía, ya que permite medir con precisión el área comprometida, la profundidad del hundimiento y la orientación del fragmento.

Conclusión

Este estudio presenta un sistema de clasificación claro y reproducible para una lesión del platillo tibial posterolateral que, en muchos casos, puede pasar desapercibida o ser subestimada. La correcta identificación mediante tomografía computada (TAC) permite una planificación quirúrgica más precisa y contribuye a mejorar los resultados funcionales y anatómicos del paciente.


Referencia del artículo

Autores: Dr. Eliseo Firman, Dr. Eduardo Río y Dr. Adrian Sirio.

Fractura por hundimiento del platillo tibial posterolateral con cortical posterior íntegra: análisis morfológico por TAC.
RELART – Revista Latinoamericana de Artroscopía, Reconstrucción Articular y Trauma Deportivo. 2025;32(3):205–212.
DOI: https://doi.org/10.63403/re.v32i3.411


¿Sufriste una lesión de rodilla o una fractura reciente?
Consultá con el Dr. Eliseo Firman, especialista en traumatología deportiva, cirugía de rodilla y reconstrucción articular.

Fractura por hundimiento del platillo tibial posterolateral: una lesión frecuentemente subestimada

Las fracturas del platillo tibial posterolateral representan un desafío diagnóstico y quirúrgico debido a su compleja anatomía y a la dificultad para identificarlas correctamente en estudios convencionales.

Un reciente estudio publicado en RELART – Revista Latinoamericana de Artroscopía, Reconstrucción Articular y Trauma Deportivo propone un sistema de clasificación claro, reproducible y basado en tomografía computada (TAC) para este tipo específico de lesión: la fractura por hundimiento del platillo tibial posterolateral con cortical posterior íntegra.

La correcta identificación morfológica mediante TAC permite:

  • Mejorar la planificación quirúrgica.
  • Elegir el abordaje más adecuado.
  • Optimizar la reducción anatómica de la fractura.
  • Favorecer mejores resultados funcionales y biomecánicos para el paciente.

Este tipo de lesiones suele pasar desapercibido o ser subestimado, lo que puede derivar en inestabilidad, dolor persistente y secuelas articulares si no se realiza un tratamiento adecuado desde el inicio.

Importancia del diagnóstico temprano

El uso sistemático de estudios por imágenes avanzados, especialmente la tomografía computada, resulta fundamental para detectar patrones de hundimiento y evaluar el compromiso articular real de la rodilla.

Una evaluación precisa permite definir estrategias quirúrgicas más seguras y personalizadas para cada paciente.


Referencia bibliográfica

Sirio AN. Fractura por hundimiento del platillo tibial posterolateral con cortical posterior íntegra: análisis morfológico por TAC. RELART – Revista Latinoamericana de Artroscopía, Reconstrucción Articular y Trauma Deportivo. 2025;32(3):205–212.
DOI: https://doi.org/10.63403/re.v32i3.411


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El Dr. Eliseo Firman, especialista en traumatología del deporte, cirugía reconstructiva y patologías de rodilla, realiza evaluación y tratamiento integral de lesiones traumáticas y deportivas.

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¿Qué es la rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) y cómo se trata?

La rotura del LCA es una de las lesiones de rodilla más frecuentes en deportistas y personas activas. Conocer sus causas, síntomas y opciones de tratamiento es el primer paso para una recuperación exitosa.

El ligamento cruzado anterior es una de las estructuras más importantes de la rodilla. Cuando se lesiona, puede comprometer seriamente la estabilidad articular y la capacidad de practicar deporte o realizar actividades cotidianas. Sin embargo, con el diagnóstico correcto y el tratamiento adecuado, la gran mayoría de los pacientes logra una recuperación completa.

¿Qué es el ligamento cruzado anterior?

El LCA es una banda de tejido resistente que une el fémur (hueso del muslo) con la tibia (hueso de la pierna). Su función principal es controlar los movimientos de traslación anterior de la tibia y la rotación de la rodilla, otorgando estabilidad dinámica a la articulación.

Junto con el ligamento cruzado posterior, los meniscos y los ligamentos colaterales, forma el sistema de soporte que permite correr, girar, saltar y cambiar de dirección con seguridad.

¿Cómo ocurre la rotura del LCA?

La lesión suele producirse por mecanismos de alta energía que involucran rotación brusca de la rodilla, cambios de dirección repentinos o aterrizajes mal ejecutados. Los mecanismos más frecuentes son:

  • Frenada brusca con el pie fijo en el suelo y giro del cuerpo.
  • Salto con aterrizaje en valgo (rodilla hacia adentro).
  • Golpe directo en la rodilla, como en deportes de contacto.
  • Hiperextensión forzada de la articulación.

Es muy frecuente en fútbol, básquet, esquí, tenis y atletismo. También puede ocurrir en personas no deportistas ante una caída o movimiento inesperado.

Síntomas: ¿cómo saber si me rompí el LCA?

En el momento de la lesión, la mayoría de los pacientes describe una sensación de «pop» o chasquido dentro de la rodilla, seguido de:

  • Dolor intenso e inmediato.
  • Hinchazón rápida de la rodilla (derrame articular en las primeras horas).
  • Sensación de inestabilidad o que «la rodilla se va».
  • Dificultad para apoyar el pie y caminar.
  • Limitación del movimiento, especialmente para extender completamente la pierna.

Importante: estos síntomas pueden aparecer también en otras lesiones de rodilla. Solo un especialista puede determinar el diagnóstico correcto.

Diagnóstico: ¿qué estudios son necesarios?

Examen físico

El traumatólogo realiza maniobras específicas (Lachman, cajón anterior, pivot shift) para evaluar la integridad del LCA y la estabilidad de la rodilla.

Resonancia magnética (RMN)

Es el estudio de elección para confirmar la rotura del LCA, evaluar su extensión (parcial o total) y detectar lesiones asociadas en meniscos, cartílago u otros ligamentos, que son frecuentes.

Radiografía

Se indica para descartar fracturas asociadas, especialmente en niños y adolescentes con fisis (cartílagos de crecimiento) abiertas.

Tratamiento: ¿siempre hay que operar?

No necesariamente. El tratamiento depende de la edad del paciente, el nivel de actividad física, la presencia de lesiones asociadas y las expectativas funcionales.

Tratamiento conservador (sin cirugía)

Puede ser adecuado en pacientes con baja demanda funcional o en roturas parciales con buena estabilidad residual. Incluye reposo y manejo del dolor en la fase aguda, kinesioterapia para recuperar fuerza y estabilidad neuromuscular, y uso de rodillera funcional para actividades de mayor demanda.

Reconstrucción quirúrgica del LCA

Se recomienda en pacientes jóvenes, activos o deportistas que deseen volver a practicar deportes con pivoteo y cambios de dirección. La cirugía se realiza por artroscopía (mínimamente invasiva) y consiste en reemplazar el ligamento roto con un injerto del propio paciente, habitualmente del tendón rotuliano o de los isquiotibiales.

Rehabilitación: la clave del éxito

La rehabilitación es tan importante como la cirugía. Un programa de kinesiología estructurado y basado en evidencia es fundamental para lograr una recuperación completa. Las fases habituales son:

  • Fase 1 (0–6 semanas): control del dolor e inflamación, recuperación del rango de movimiento y activación muscular.
  • Fase 2 (6–12 semanas): fortalecimiento progresivo, trabajo de propiocepción y equilibrio.
  • Fase 3 (3–6 meses): entrenamiento funcional, ejercicios de carrera y cambios de dirección.
  • Fase 4 (6–9 meses): vuelta gradual al deporte específico con evaluación funcional previa.

El tiempo promedio de recuperación para la vuelta al deporte competitivo oscila entre 8 y 12 meses, aunque puede variar según cada paciente.

¿Cuándo consultar a un especialista?

Ante cualquier episodio de dolor agudo en la rodilla con hinchazón rápida, sensación de chasquido o inestabilidad, es fundamental consultar sin demora a un traumatólogo especialista en rodilla. Un diagnóstico temprano permite planificar el tratamiento más adecuado, evitar lesiones secundarias y optimizar los resultados a largo plazo.¿Tenés una lesión de rodilla?

El Dr. Eliseo J. Firman atiende pacientes con lesiones de rodilla en Buenos Aires y Pilar. Solicitá tu turno online o por WhatsApp.